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sábado, 24 de septiembre de 2011

GOETHE Y SCHILLER UNA AMISTAD CREADORA



Os animamos a leer este artículo publicado en El Cultural que trata del encuentro literario entre dos genios de la Literatura Universal: Goethe y Schiller, novelistas, poetas y dramaturgos, precursores ambos del Romanticismo alemán y europeo.

Quienes han visitado la bella ciudad de Weimar pueden comprobar que, más allá de los muchos tesoros culturales que alberga -la de haber sido, entre otros, el lugar en el que vivieron Cranach y Lutero, Bach y Nietzsche, Schopenhauer y Liszt--, hay un momento en el que el visitante siente como si toda esa escenografía o museo se tornase en vida solidaria. Es aquel en el que llegamos frente a la estatua que de Goethe y Schiller se levanta imponente frente al teatro de la ciudad. Ambos poetas, de pie, sostienen firmemente entre sus manos una corona de laurel que remite directamente a su amistad profunda y provechosa, el tema precisamente del iluminador libro de Rüder Safranski (Rottweill, Alemania, 1945).

Estatua, personajes, lugar, gesto, no son ajenos al teatro que se alza detrás, pues no en vano fue Goethe, en 1794, el primer director del mismo; años en los que se va a intensificar la relación con Schiller, que hasta entonces no sólo no había existido como tal, sino que ambos personajes -por grandes y originales- se habían tratado entre la ironía acerba y el rechazo, a los que no era ajena la firme personalidad de cada uno; diferencia que, en mi opinión, se mantuvo siempre, incluso después de la muerte de ambos escritores. Fue ese teatro de Weimar el que acogió en 1799 al dramaturgo que primordialmente fue Schiller, que llegó a la ciudad del río Ilm con no pocos méritos, entre ellos el de haber sido gerente del teatro de Mannheim y haber escrito en esta ciudad Don Carlo. Pertenecen sin embargo a la etapa de Weimar la creación de dramas como María Estuardo, La doncella de Orleáns, La novia de Mesina y Guillermo Tell.

Los primeros frutos de la amistad entre Goethe y Schiller parecen ser el establecimiento de una serie de principios meramente literarios o ideológicos -la exaltación de la libertad del individuo, del héroe o genio creador, la pasión como impulsora de la actividad creadora, el rechazo de un determinado clasicismo y un lenguaje que buscaba la fusión entre el lirismo y el naturalismo-, pero esa amistad supondría un proceso vital mucho más ahondador. En este sutil y beneficioso aspecto se centra el libro recomendable y fundamentado de Safranski, a cuyo valor hay que sumar la versión muy clara y amena del traductor del mismo.

Cualquiera que conozca el carácter y la obra de ambos escritores, sabrá que esa conjunción amistosa no podía estar sino llena de dificultades; sin embargo, triunfaron el mutuo estímulo, la complementariedad. Schiller, diez años menor que Goethe, encarnaba el drama romántico europeo con su exaltación de lo heroico y lo mítico. En Goethe pesaba más el pensamiento y el orden y, ya entonces, estaba destinado a ser el paradigma no sólo de la literatura, sino de la cultura alemanas. Pero todo en la vida es dualidad, como nos enseñaron los maestros orientales y ésta se acusa en la amistad de estos dos genios, para cuyos fines intelectuales podían estar destinados los versos que escribió uno de ellos, Goethe: “y lo que ha sido dado a toda la humanidad/ quiero gozarlo yo mismo en mi interior, / asir con mi mente lo más alto y lo más bajo...”

Bien es verdad que la “mente” define mejor al impulso goethiano, mientras que la “pasión” fue más invasora en Schiller. El don de esta amistad es que ambos fueron ajustándose en la tarea de su crecimiento interior, de una personal creatividad. No faltaron, sin embargo, los trabajos fruto de una labor conjunta, desde la inicial colaboración teatral. Así, la creación de las revistas Die Horen, Musen-Almanach y Propyläen, la escritura de satíricos cuando no violentos epigramas o la influencia de la obra de Schiller en la creación de Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister. La admiración de Schiller por las obras de Goethe no se quedaba atrás, pues el primero consideraba a algunas de ellas como “el culmen del arte”.

Así que una amistad madura, los comunes intereses intelectuales, las mutuas influencias, fueron fundiéndose, por más que la pasión les uniera o enfrentara en cartas y palabras. También en las lecturas y correcciones de sus respectivos manuscritos. A fin de cuentas, es la pasión -más serenamente altiva en Goethe, más encendida en Schiller- la que mantiene y enriquece la amistad que Safranski nos describe a través de los momentos estelares de la misma; o de sus preludios, como fueron la correspondencia epistolar o el decisivo viaje a Italia de Goethe. Ya se sabe que el viaje de éste a Italia en 1786 transformó poderosamente la rigidez y la visión de la realidad del autor del Fausto. Fue influyente hasta el punto de que afirmó: “me parece como si hubiese nacido y educado aquí [en Italia], siento como un verdadero renacimiento desde que he pisado Roma”. Esta metamorfosis anímica o cambio de visión de la realidad, y alguna frase de Schiller (“Goethe tiene más genio que yo”), confluyeron hacia la pródiga etapa de Weimar.

Estos aspectos y otros que he planteado desde mi visión personal del tema del libro, se amplían, complementan y desarrollan extraordinariamente en el libro de Safranski, cuya obra ensayística -en particular la que alude al estudio de grandes personajes de la cultura europea: el mismo Schiller, Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger (o a obras globales, como su Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán- la tiene el lector ya a su alcance editada por Tusquets. Safranski se aparta de la erudición al uso, si recordamos libros suyos en los que ofrece temas vivos, como El mal, o el que lleva por título una pregunta de vivísima actualidad, ¿Cuánta globalización podemos soportar?

Aunque el libro se lee como una novela (también puede tener ese perfil), es sobre todo un ameno y fundamentado estudio biográfico. En él no faltan, como en todos los libros de Safranski, un pensar, una base meditativa que hace de sus estudios algo más que meras recopilaciones de datos tras una ardua investigación. Y es que fundamenta su relato y análisis en fuentes primarias fiables, como los epistolarios de ambos escritores, sus obras completas, en correspondencias paralelas que ellos mantienen con personajes de la época o en Diarios y en Conversaciones (aquí un recuerdo especial para las que “el gran alemán” mantuvo con Eckermann). Que Safranski fundamente además su relato en citas de Montaigne, Brentano, Hölderlin, Kant o Novalis, le pueden indicar al lector por dónde va el espíritu de este libro, revelador del aprecio por la cultura como poderosa e influyente fuerza vital y social, de la que nuestra Europa se ha visto desposeída frente al furor economicista.

Fiel también a la dualidad que señalamos, el lector se acabará decidiendo no por el tema de la amistad, sino por uno u otro autor. La temprana muerte de Schiller, su calavera, que no era tal, adorada por Goethe en su biblioteca (el traslado de los huesos de Schiller recuerda el igualmente lamentable de los de Leopardi), la ausencia del autor del Fausto en el funeral de su amigo, nos indican que fueron seres únicos, aunque opuestos, más allá de la unidad sorprendentemente fecunda de su amistad.


Amistades literarias
La amistad de Goethe y Schiller representa, dentro de la cultura alemana, un acontecimiento de carácter simbólico. Por su significado y sus repercusiones rebasa la mera relación afortunada entre dos inteligencias excepcionales que supieron congeniar. Supuso, por decirlo con el lenguaje de la época, un encuentro productivo entre dos espíritus francos de rivalidad y de envidia, que se fecundaron mutuamente. Quizá el vocablo amistad designe de manera insuficiente algo de mayor alcance que abarcaría, junto a los coloquios de alto rumbo, la colaboración y el debate, el afecto compartido por dos seres de temperamentos harto disímiles. Bienaventurado el escritor que no está solo con los frutos frecuentemente defectuosos de su inventiva; que tiene quien se los juzgue en privado, sin pelos en la lengua, cuando aún hay tiempo de mejorarlos mediante la sugerencia de rectificaciones y cambios; un cómplice que es, además, la otra parte de un abrazo.

Esta misma noticia también es publicada por El Pais Digital.

Para leer el artículo completo de El País

sábado, 21 de mayo de 2011

GOETHE, ILUSIONISTA DE CIELOS

BABELIA, 21-5-2011.


El gran clásico alemán Goethe estaba fascinado por la ciencia. El juego de las nubes -editado por primera vez en España- reúne sus estudios de campo y dibujos realizados entre 1820 y 1825. El libro, ilustrado por Fernando Vicente, se completa con el Ensayo sobre Meteorología


Johann Wolfgang von Goethe (1749- 1832), Goethe a secas, es sin duda el autor alemán por excelencia, al igual que Cervantes es el español. En castellano contamos con excelentes traducciones de sus obras más señeras: Poesía y verdad, Las penas del joven Werther, Fausto o Las afinidades electivas; también, con una magnífica traducción del inagotable volumen que reúne sus conversaciones con Eckermann, considerado por Nietzsche "el mejor libro alemán que existe". (...)

La editorial Nordicalibros publica un libro con bellas ilustraciones luminosas y algunos dibujos del propio Goethe, quien asimismo cultivó el arte de la pintura; viajó a Italia para mejorar su destreza, mas luego de algunos intentos infructuosos decidió que carecía de talento; aunque dejó unas bellas acuarelas de trazos delicados y románticos que lo cuestionan. Lo que Goethe no conseguía plasmar con los pinceles lo expresaba con la palabra como poeta, pero también trataba de comprenderlo como científico al observar la "grandiosa Naturaleza" en todas sus formas y facetas. La mirada del poeta hallaba un complemento idóneo en la del científico. A Goethe, ejemplo de hombre curioso, vital y optimista, le atraía la ciencia, otra de sus grandes pasiones junto al amor y la literatura: nada hubiera deseado más que pasar a la posteridad como un gran científico. Pero su idea de ciencia fue muy particular: consideraba la Naturaleza como un todo animado y el mundo como un organismo vivo que respira y se transforma sin cesar.

Para leer el artículo completo

domingo, 3 de abril de 2011

POESÍA Y VERDAD EN EL REAL


EL PAÍS, 3 de abril de 2011.

En julio de 1999 se representó por última vez Werther en el Teatro Real. La sombra de Alfredo Kraus flotaba entonces en el ambiente. El tenor canario bordaba el personaje que da título a esta obra con su línea de canto perfeccionista y etérea. Ramón Vargas resolvió entonces la difícil papeleta de esta herencia con un encanto envolvente. El tiempo pasa y los recuerdos vuelven.

José Bros toma ahora el relevo del personaje creado por Goethe y recreado por Massenet en una combinación franco-alemana tan atractiva como imposible.

Sophie Koch compone una Charlotte compleja y rebosante de credibilidad en cada detalle. Emociona y a la vez suscita la reflexión sobre un personaje cargado de melancolía romántica.

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domingo, 7 de noviembre de 2010

CONFERENCIAS SOBRE GOETHE.




Goethe es el protagonista de un nuevo ciclo de conferencias de la Fundación Juan March, de los que se vienen dedicando a analizar la figura, obra y contexto de grandes nombres de la literatura universal. Para Rosa Sala Rose, con Goethe arranca la revolución cultural alemana que daría lugar a figuras como Marx, Nietzsche y Freud. Su Fausto generó algunos de los principales arquetipos de la modernidad.

Aquí os dejamos un enlace a la conferencia de la germanista Rosa Sala sobre Goethe y su tiempo

Un breve vídeo de 4:42 minutos de duración, resumen de esta conferencia lo podéis ver en este enlace


Igualmente, os dejamos otro enlace a la conferencia de la misma autora: La obra de Goethe.

domingo, 18 de julio de 2010

PINTURA Y WERTHER

Goethe fue un escritor con ambiciones plásticas: destacan sus dibujos paisajísticos. Tienen el recurso a la subjetividad como guía. En sintonía con la sensibilidad del Sturm und Drang, Goethe encuentra en la observación de la naturaleza tanto un gozo anímico que es en ocasiones arrebatador como un modelo de aprendizaje. En sus viajes y salidas al campo practicaba el dibujo al aire libre.




Paisaje rocoso, Goethe (1787)









Os dejamos algunos de los cuadros que se pudieron admirar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en la exposición:"Goethe:paisajes".







Goethe influyó en pintores románticos claves como Friedrich, el cual sostenía que la tarea del pintor de paisajes no se podía limitar a la fiel representación del aire, el agua, las piedras o los árboles. "Es el alma y los sentimientos del artista lo que se tiene que reflejar".
Disfrutad con este video, verdadera aproximación al "alma romántica".

sábado, 17 de julio de 2010

MÚSICA Y WERTHER

Asimismo, Plácido Domingo o Luciano Pavarotti, entre otros muchos, han cantado “Pourquoi me réveiller”, de Massenet, a partir del Werther.Os dejamos un fragmento.




Werther es una ópera en francés 4 actos con música de Jules Massenet y libreto de Edouard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann, basado en la novela Los sufrimientos del joven Werther de Goethe. Os dejamos el comienzo en la voz de Alfredo Kraus.

CINE Y WERTHER

Werther(1986)

Como un ejemplo de intertextualidad, os dejamos esta película de Pilar Miró.
La película se inspira en la novela de Goethe. Se inspira, pero se aleja de ella, huye de la fidelidad al texto. Pese a todo, esta huida no impedirá que, en lo esencial, ambos relatos coincidan. Coinciden fundamentalmente en un hecho: el destinos trágico del protagonista masculino. El profesor de filosofía, al igual que Werther, finalmente se suicida.


SINOPSIS:... En una localidad costera del norte de España, un profesor imparte clases de griego en un colegio de élite. Werther es de carácter romántico y melancólico, y lleva una existencia solitaria en la antigua casa de sus antepasados, marinos de profesión.El tedio le hacen aceptar el dar clases particulares al hijo de un hombre adinerado, divorciado desde hace tiempo. El niño es muy introvertido y la toma de contacto entre ambos resulta ser complicada. Al tiempo, Alberto conocerá a Carlota, la madre del chico, una mujer autónoma y llena de vigor. Pronto se sumergirán en un apasionada historia de verdadero amor, que le iluminará la vida y le hará sentir sensaciones tan fuertes que la sola ausencia de ella le hará sentirse desamparado.




La vida de Werther también ha sido llevada al cine:



Así como su obra Fausto (1926) que relata la historia de un célebre pensador que después de buscar sin descanso la esencia del conocimiento y la verdad oculta de las cosas, es tentado por el diablo y vende su alma.... Fausto, hombre de ciencia desengañado y cansado de la vida, va a suicidarse. Se le presenta el diablo, Mefistófeles, humorista y elegante, que le enseña el retrato de una hermosa mujer y promete rejuvenecerlo y entregársela si Fausto se compromete a entregar a Satanás su alma. Es aceptada la proposición, y en el acto Fausto se transforma en un apuesto joven.

LA OBRA DE GOETHE




Entre las obras de madurez de Goethe destaca, sin lugar a dudas, Fausto.

Os dejamos esta conferencia de Jaime Cerrolaza para acercarnos a la obra del autor : Fausto en la obra de Goethe

GOETHE Y SU ÉPOCA

Os recomendamos estos videos para acercarnos al Romanticismo.





En la voz de Jaime Cerrolaza tenemos la oportunidad única de acercarnos a Goethe y su época.